A la llegada de los españoles al Nuevo Mundo, se
encontraron con poblaciones aborígenes en todas las regiones que iban descubriendo.
Por lo que toca a Sudamérica (Tierra Firme, en el lenguaje
de los navegantes precursores), dos fueron las corrientes que podríamos
considerar como fuentes de la penetración española a nuestros territorios, que
actualmente son la parte baja y llana de Bolivia: la que iniciara Pizarro en
1532 por la costa del Perú y se adentró hasta Charcas y los valles subandinos
ya hacia 1550; y la que encabezó Pedro de Mendoza, por el Río de la Plata, en
1536 y subiendo las arterias fluviales llegó hasta los Xarayes y el Río Grande
por la misma época. Ambas corrientes de conquista y descubrimiento hallaron
pueblos establecidos en las tierras que iban conociendo; los unos encontraron
la organización de los reyes incas, con centro en el Cuzco y dominio extendido
de Quito a Tucumán y de la costa a Charcas; y los otros, pueblos con nivel
social menos desarrollado, pero con gentío abundante y costumbres sedentarias
en algunos casos o recolectores en otros.