La valentía del retorno

 


Marginalmente a los comentarios propios de la época, que se centran casi exclusivamente en los avatares de la política y discurren entre el rumor y el cálculo pre-electoral o las interpretaciones de lo que ocurrirá entre el 1.º de julio y el 6 de agosto o después de la posesión del Gobierno constitucional, hay gentes, por desgracia no pocas, que se ocupan de planear el autoexilio o de programar la contracción de sus actividades tradicionales.

Son los eternos descontentos, los que siempre miran al futuro con aprensión, los que —como si no tuviesen echadas sus raíces en el medio— están prestos a alzar el vuelo, espantados ante las primeras señales de un supuesto peligro.

Felizmente hay de los otros. No solamente aquellos que pensamos que ésta es nuestra Patria y éste es nuestro pueblo, que a ellos nos debemos en la bonanza o en la tormenta, que aquí nos criamos y aquí nos realizamos y que, lógicamente, aquí tenemos que proseguir la lucha. No solamente, pues, hay ésta que creemos gran mayoría, sino otro tipo de boliviano que, sin lugar a dudas, tiene más méritos y es más digno de aplauso: el que vuelve.

Es de todos sabido que existen miles y miles de compatriotas que, por una u otra razón viven en el extranjero. No es sólo la política la que los aventó a playas lejanas, sino muchas veces fue la circunstancia familiar, la oportunidad de trabajo, la que hizo que ese boliviano se quedase afuera. Pero también es indudable que al boliviano le tira la tierra y que al cruceño no se le acaba nunca la añoranza.

Lo mejor, sin embargo, es que hay quienes ponen fin al sentimiento decidiendo el retorno. No importa que se abandone una situación expectable, lograda con esfuerzo. No valen consideraciones numerarias ni cálculos fríos. No se da oídos a especulaciones del desarraigado que soporta sobre sus hombros fracasos y complejos, ni a los consejos enervados del extraño que desprecia lo nuestro y mira a ese lejano país que nos conmueve, con sarcasmo o con desprecio. Se vuelve a las raíces, porque ello es un mandato interior. Se regresa al terruño, porque bulle en el corazón y en la mente el deseo de servirlo. Se renuncia al futuro tranquilo y seguro, porque la Patria es un desafío constante.

A estos paisanos que retornan hay que darles un abrazo, hay que presentarlos en el medio como lo que son, héroes callados que no buscan oropeles, pero que se brindan enteros a su comunidad y a nuestro pueblo. Encontramos ayer a uno de ellos y se nos levantó el espíritu. Frente a los cobardes que están atando petacas en actitud de huida, éstos nos devuelven la confianza en nuestra gente. Una decena de ellos, haría que Santa Cruz reemprenda el camino que siempre la distinguió en la historia, que la señaló como guardiana de la heredad nacional primero y como impulsora del progreso después.

Honor al que regresa y que su ejemplo cunda.

Publicado el 27 de junio de 1979 como editorial en EL MUNDO.

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