Con esa vista profundizante que tienen los espíritus selectos, Marcelo enfocó la obra “Una joya en la selva boliviana”, de Mons. Antonio Eduardo Bösl, Vicario Apostólico de Ñuflo de Chaves, y la presentó con la siguiente página magistral.
Una labor paciente y esforzada, puesta en obra con espíritu misionero y afán cultural, dio origen a los reportajes gráficos y literarios del Obispo Bösl, Vicario Apostólico de Ñuflo de Chaves, dirigidos a sus paisanos y bienhechores alemanes, a quienes rendía cuentas de sus inversiones al mismo tiempo que les contaba, con sabor germano y sencillez franciscana, las cosas de este mundo extraño del corazón mismo de la lejana América del Sur.
No faltaron amigos del Obispo que se enteraron, por estos pagos, de la existencia de los ricos volúmenes —han llegado a tres publicados en tudesco indescifrable para muchos de nosotros. De ojearlos y hojearlos se pasó a alabarlos y a desearlos. Del deseo hubo de saltar a los cálculos y de éstos a la búsqueda de mecenazgos no siempre fáciles de hallar. Hechos algunos avances en esa línea, Monseñor Eduardo se procuró intérprete y ya con el material vertido a nuestra lengua castellana, se cerraron tratos y se lanza esta edición.
Por decisión del autor, no se están traduciendo los dos primeros tomos de su crónica germana. Él los considera ya antiguos y prefiere concentrar esfuerzos en la edición española del tercero, relativo a la obra magna de su episcopado: la restauración de la iglesia jesuítica de Concepción, fruto preciado de la labor del misionero Martín Schmid, S.J., y sede mitrada del hodierno Vicariato.
En la obra se resumen, de una parte, la historia y la epopeya de aquellos conquistadores de almas que fueron los jesuitas en Chiquitos y la del pueblo arrancado de la selva y del nomadismo para conformar la sociedad civil-religiosa que fueron las Reducciones y, de otra la no menos heroica labor de frailes europeos y laicos indígenas, de profesionales, técnicos y artesanos que, siguiendo la huella del casi mítico constructor del siglo XVIII, rehicieron, repararon, levantaron, techaron y pintaron el viejo templo misional.
Templo y libro son joyas que nos enorgullecen. El uno, junto a sus congéneres de San Miguel y Santa Ana, de San José, de San Javier y San Rafael, es, como lo explica el arquitecto Roth en el capítulo con que colabora, una de las escasas muestras que quedan en pie de lo que fue la construcción misionera con técnica y diseño originales y adaptados al ambiente. El otro, es una información directa y vívida de los esfuerzos y logros de un prelado sagaz que, para realizar su misión espiritual, busca apoyo en la preservación de la riqueza cultural que le ha tocado administrar.
De lo primero buena falta hacía que la historia de las Misiones de Chiquitos sea puesta al alcance del lector medio en Bolivia y en Hispanoamérica, y no se quede como exquisito manjar de estudiosos en los viejos volúmenes de Pastells o de Moreno, o en los más raros de los cronistas jesuitas coetáneos al experimento. Ahora, aunque ceñidos a la obra del templo de Concepción y a la infatigable labor del P. Schmid, estará al alcance de la mano un resumen serio, claro y vívido de lo que fueron aquellos trabajos.
De la labor actual, Monseñor Bösl nos da una crónica perfecta, jugosa, cordial y realista. No es sólo el acabado diseño profesional ni la esmerada administración material lo que resalta en estas páginas. Hay también en ellas la espiritualidad franciscana que ora en el trabajo, en la jocunda convivencia con el pueblo y en los lazos sutiles pero vigorosos con sus fuentes ultramarinas. El anecdótico caso de la Madona Auxiliadora, llevada de Bizancio a los Alpes, relanzada por Lucas Cranach en los tiempos renacentistas y traída por los misioneros alemanes a Chiquitos, donde toma rasgos indígenas sin perder su identidad artística, es como un símbolo de la catolicidad de la Iglesia, una a lo largo de los siglos y varia a lo largo del mundo.
La restauración de lo que, con santo orgullo, el Obispo Misionero llama la Catedral de la Purísima Concepción de María, junto a otros trabajos similares que por ahora quedan como a la sombra del templo matriz, es un triunfo que hay que celebrar debidamente. Y para hacerlo, en compañía de todos los que luego lean este volumen, el Banco Nacional de Bolivia ha financiado esta edición como un gesto del autor, el ilustrísimo señor Obispo del Vicariato de Ñuflo de Chaves, Monseñor Eduardo Bösl, o.f.m., y como un homenaje a los antiguos misioneros jesuitas de Chiquitos, personificados en el constructor de la rediviva iglesia de Concepción, el P. Martín Schmid, S.J.
Escrito en 1984 y publicado el 18 de agosto de 1991 en EL DEBER.

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