La Guerra del Acre (I)

 


Dada la extensión, necesaria por la vastedad del tema, ofrecemos hoy una primera parte de la bien documentada conferencia que, el 10 de enero de 1983, dictara Marcelo Terceros Banzer sobre la Guerra del Acre.

Después del tratado de 1867 en que Melgarejo cedió al Brasil más de 300 mil kilómetros cuadrados en la región comprendida entre el río Madera y la desembocadura del Yavarí en el Marañón, quedó todavía para Bolivia la zona comprendida entre las nacientes del Madera, el río Acre, el río Purús y las nacientes del río Yavarí, zona rica en árboles de goma y que fue cambiada, ya no por obsequios y condecoraciones, sino por una penetración rápida con asentamiento de industriales brasileños que comenzaron a explotar las estradas gomeras con personal de siringueros brasileños. Mientras tanto, el gobierno boliviano ignoraba esta situación, entretenido como siempre en las luchas intestinas por el poder político.

Contrastando con esta actitud gubernamental, en forma permanente, desde 1882 y al ser navegado el bajo Beni por el Dr. Edwin Heath, llegaron a esa zona miles de cruceños y unos cuantos paceños que bajaron desde los yungas para dedicarse al trabajo de las estradas gomeras; y fueron penetrando, rompiendo selva, en busca del vellocino de oro que se transformaba en el oro negro de la Amazonia.

Estos pioneros de esta nueva zona fueron ocupando poco a poco el bajo Beni, el río Orton, el río Madre de Dios, el río Tahuamanu, el río Manuripi, el río Abuná y el río Acre en su parte del alto Acre. El bajo Acre estaba ya ocupado por los brasileños.

En 1895 recién Bolivia organizó una comisión de límites presidida por Adolfo Ballivián. Se fundó Puerto Alonzo en el bajo Acre y se comenzó a exigir a los brasileños el cumplimiento de las leyes bolivianas. En Xapury, que queda entre el alto y bajo Acre, que era una población boliviana, sólo vivían siete ciudadanos bolivianos; los demás de sus 1.000 habitantes eran brasileños. El intendente o autoridad boliviana, don Néstor Bustillo, en enero de 1902, cortó con tijeras las banderas acreanas que habían izado los brasileños en Xapury, lo que constituyó para ellos un acto de provocación. La prensa de Manaos decía que con los límites que se estaban demarcando en las nacientes del río Yavarí, el Brasil perdía más de 100 leguas cuadradas en sus mejores territorios en los ríos Purús, Yaco, Acre, Envira, Tarauacá y Juruá. ¡Qué cinismo! Todo estaba preparado para adueñarse del territorio del Acre. Para esto, el barón de Río Branco armó y financió a los filibusteros. En el bajo Acre, en Puerto Alonzo, había un grupo de 40 soldados bolivianos, de línea, comandados por el coronel Rojas, pasando toda clase de necesidades, pues los funcionarios bolivianos para llegar al Acre salían de La Paz, vía Buenos Aires, y por el Atlántico llegaban a Belén de Pará, arribando de allí al Amazonas hasta llegar al Acre. En este trayecto demoraban de dos a tres meses.

En estas circunstancias, los filibusteros proclamaban la independencia del territorio del Acre. Transcribo a continuación el Acta de la Sesión extraordinaria de la Independencia del Acre, proclamada el 7 de agosto de 1902:

“A los siete días del mes de agosto de 1902. En casa de residencia de los señores Falck y Viera, reunido debidamente el pueblo de Xapury, para una reunión el señor José Galdino de Asis Marinho, que enseguida nombró para secretario al Dr. Alvino dos Santos Pereira y abogado Manfredo Álvarez Alfonzo. Concurrieron a esta reunión toda la mayoría de ciudadanos, todos como un solo hombre, animados de verdadero entusiasmo político por tan justa causa cuan necesaria actitud en que el Acre, bajo un dominio de verdadero desprestigio moral, arbitrariamente ejercido por individuos incapaces o ineptos en despertar en el corazón de los brasileños siquiera un átomo de simpatía”.

La independencia del Acre fue ampliamente discutida por algunos caballeros que tomaron la palabra. Después de un gran discurso del señor Plácido de Castro, con la elocuencia del acrisolado patriotismo, hizo ver el fin de la revolución y apeló al alma, al criterio, a la reflexión que debe adornarse como espíritu propio y correcto del brasileño. Enseguida habló el Dr. Alvino dos Santos Pereira, que en verdadero arrebato e inspiración desenvolvió ideas dignas altamente patrióticas sobre el carácter de los brasileños y la necesidad de una reacción a las arbitrariedades del gobierno boliviano del Acre; después siguiose con la palabra el Dr. Manfredo Álvarez Alfonzo abundando en las mismas ideas que las demostradas con elocuente verbosidad. Habló enseguida el señor Gastón de Oliveira e interpretó perfectamente el patriotismo de los acreanos, como él mismo lo ha probado colocándose al frente de las revoluciones del Acre.

Al fin de los discursos fue enarbolada con la mayor solemnidad la bandera del Estado Independiente del Acre, siendo enseguida cerrada la sesión por el dignísimo señor Presidente y el Secretario, que redactó y autorizó la presente acta.

Además transcribo la proclama de los filibusteros que fue dirigida a los ciudadanos residentes en el alto Acre:

“Ciudadanos: No debéis ser extraños a los acontecimientos que últimamente se han desbordado en vuestra patria; por consiguiente, habéis de tener leídas las cláusulas del arrendamiento hecho por vuestro gobierno a una compañía de aventureros. Deja de ser de esta forma la propia soberanía boliviana que vuestro gobierno con tan grande falta de escrúpulos abrió la mano para cederlo eternamente ungido a una nación orgullosa y prepotente como los Estados Unidos; y el peligro común quedará grabado en el sino de la América del Sur. Las protestas del Brasil y del Perú, reforzadas por el apoyo de los otros países sudamericanos, principalmente la Argentina y Chile, no conseguirán ninguna solución para esta transacción vergonzosa, contra la cual los bolivianos deberían ser los primeros en protestar en nombre de la soberanía de su patria.

Nuestros siringales no consolidados (que son todos) quedarán, por el contrario, sujetos a tal compañía, y con ellos nuestras fortunas, el pan de nuestros hijos.

Un vasto territorio y una grande población entregados como viles esclavos a aventureros extranjeros. Un pacto que no podía pasar en silencio, debía levantar la nube de tamaño ultraje proferido en nuestra faz, haciendo ver todas las razones poderosas que exponemos; dígole que los acreanos en masa, de una sola vez por todas partes, levantarán la nube que el gobierno boliviano les tiró.

La guerra, pues, está declarada y enarbolamos la bandera de independencia, haciendo del Acre en que vivimos un Estado gindependiente. A la sombra de su bandera podrán todos trabajar, prosperar sin correr peligro de su vida e intereses entregados al sindicato extranjero, ni mandados por autoridades ebrias e incapaces.

En Xapury, como en los demás puntos del Acre, las autoridades bolivianas que han sido presas están cercadas de todos los respetos, garantías y atenciones, como lo habéis de saber por intermedio de sus mismos patricios.

Abrigamos la idea de que los propietarios bolivianos, tan interesados como nosotros en la defensa del Acre contra el brutal asalto del sindicato extranjero, nos auxiliarán prestándonos su apoyo o por lo menos permanecerán neutrales en la contienda.

Como Jefe Militar, no pensé hostilizarlos en el mismo punto, pues si hubiese pensado ya lo habría hecho; entretanto, la noticia que recibo del Alto Acre es que los señores propietarios bolivianos abandonaron sus propiedades, huyendo locamente para Bolivia. Esto derramó alguna duda en mi ánimo, pues entiendo que una de dos: o huyen para no convenir con nuestras intenciones o para procurar organizarse para hacer alguna resistencia; esta última hipótesis sería rematada locura. A los propietarios bolivianos hablo sin reserva. Al único a quien declaro guerra sin tregua es a los señores Nicolás Suárez y Compañía, porque lo reputo como nuestro enemigo natural común.

A los demás, si no tienen intenciones belicosas, los convido a vivir con nosotros, a disfrutar en la vida de nuestro trabajo de cada día, a gozar en esta floresta que hoy defendemos más que nunca contra los ataques del sindicato y toda suerte de aventureros.

Cualquiera que sea la nacionalidad a que pertenecieran los aventureros, les formaremos resistencia defendiendo la bandera del recién nacido en la América del Sur, bandera que simbolizamos por una estrella que ha de ser nuestro farol que ilumine con su resplandor el camino político que ahora trazamos.

Confiad en nuestras firmas. José Plácido de Castro, Comandante en Jefe del Ejército Acreano”.

Luego de estas proclamas atacaron inmediatamente las barracas gomeras de los bolivianos, cometiendo toda clase de atropellos, matando a la gente, incendiando las casas, robando el ganado y las bolachas de goma que se encontraban en los campamentos. El coronel Rojas con sus 40 soldados capituló después de 11 días de asedio en Vuelta Empresa, en el Bajo Acre, luego de una resistencia heroica.

Ante esta situación, los industriales gomeros bolivianos se concentraron en la barraca Porvenir de la casa Suárez Hnos., en el río Tahuamanu. Don Nicolás Suárez, informado de lo acontecido, se trasladó a Porvenir con gente, víveres y armas. En Porvenir se organizó la columna Porvenir. Transcribo el Acta de Defensa de nuestro territorio en el Acre, y la relación de la batalla de Bahía hecha por don Nicolás Suárez.

“En la barraca Porvenir del río Tahuamanu, a los ocho días del mes de octubre de 1902, reunidos todos los bolivianos actualmente residentes en ésta, deseando todos ellos cooperar a la defensa de la Integridad Nacional en el río Acre, a causa de la revolución que una turba de brasileños estallaron el día 6 de agosto próximo pasado, cometiendo toda clase de abusos, como fusilamientos a bolivianos indefensos, incendio de barracas, robos y otros actos violentos; resolviendo formar un Comité Directivo con el objeto de reunir fuerzas para la defensa, discutir lo que sea conveniente al respecto, atacar, dictar algunas disposiciones si se preciasen referentes al caso, etcétera, para dar escrita cuenta al Supremo Gobierno.

El Comité se formó de los ciudadanos siguientes: Presidente, señor Nicolás Suárez; primer Vicepresidente, señor Ángel Roca; segundo Vicepresidente, señor Claudio Farfán; vocales, señores Luis D. Moreira, Gonzalo Moreno y Simón Moreno; Secretario, señor José Donato Pabón.

Cuadro del Personal de la Columna Porvenir: Primer Jefe, Simón Moreno; segundo Jefe, Luis Donato Moreira; tercer Jefe, Claudio Farfán.

Primera Compañía: Capitán, Federico Román; Teniente primero, Carmelo Salvatierra; Subteniente, Antenor Céspedes.

Tropa: Sargento primero, Casimiro Tórrez; Sargento segundo, Marcelino Taborga; Rómulo Lairana, Simón Hurtado, Tristán Pedriel, Pedro Carrillo, Melchor Munaca, Carlos Urbina, Leonor Valencia, José Thuarita, Fidel Guarimay, Lorenzo Franco, Francisco Lechuani, Fausto Ibáñez, Faustino Languidey.

Segunda Compañía: Capitán, Gonzalo Moreno; Teniente primero, José ML. Suárez; Subteniente, Faustino Salvatierra.

Tropa: Sargento primero, Francisco Rojas; Sargento segundo, Gaspar Salvatierra; Nicolás Bejarano, Octavio Rivero, Bruno Racuar, Juan Dumay, Eugenio Divico, Antonio Mamio, Eloy Gil, Jesús Parada, Mateo Vaca, Pedro Algarañaz, Santiago Durán, Eleuterio Chumo, Anastasio Amy, José ML. Mercado, Salustino Gonzales.

Tercera Compañía: Capitán, Gonzalo Moreno; Teniente primero, Antonio Cueto; Subteniente, Luis Arce.

Tropa: Sargento primero, Jesús Montero; Sargento segundo, José Iriarte; Ramón Hurtado, Pablo Franco, José ML. Bazán, José Chatari, Pedro Macuapa, Dionisio Cartagena, Raimundo Tuno, Moisés Zabala, Isidoro Ayala, Zacarías Espinoza, Juan Fernández, Diego Mapo, Daniel Gamarra Roca, Bautista Vaca.

Cuarta Compañía: Capitán, Manuel M. Tovar; Teniente primero, Atanasio Estremadoiro; Subteniente, Luis B. Guachalla.

Tropa: Sargento primero, Valentín Beites; Sargento segundo, Miguel Mojica; Esteban Cabero, Nicanor Cuéllar, Samuel Yanamo, Cipriano Pacameo, Nicomedes Franco, Juan Matta, Secundino Justiniano, Francisco Nazarro, Antonio Guari, Bernardo Chamaro, Rosendo Flores, Francisco Toranzo, Francisco Guacama, Mariano Mercado, Zenón Vaca, Pedro Chávez, José Parada.

Pensando en la manera de asegurar el éxito de la acción, se me ocurrió que podría incendiarse con flechas inflamables las casas donde estaban atrincherados los revolucionarios. Los ensayos que hicimos en Porvenir, antes de emprender la marcha, nos dieron los resultados satisfactorios que esperábamos, pues las flechas disparadas con trapos empapados en kerosene se mantenían ardiendo. Al tiempo de emplear nuestro proyectil se mejoró la idea, adhiriendo a los extremos de las flechas manojos de yesca de algodón. En el parque de los elementos bélicos llevábamos un arco y dos flechas”.

Escrito en 1985 y publicado el 31 de diciembre de 1989 en EL DEBER.

No hay comentarios:

Publicar un comentario