PRONUNCIAMIENTO DEL TRIBUNAL ENCARGADO DE LA REVISIÓN DE LA TESIS PRESENTADA


EL MAESTRO FRAY FRANCISCO DE VITORIA, O.P., FUNDADOR DEL DERECHO INTERNACIONAL, “SUS RELECCIONES...”

Tesis para optar al título de Licenciado en Derecho y Ciencias Sociales, presentada por el alumno Marcelo Terceros Banzer.

Leído y examinado el trabajo que con el título que se menciona ha sido presentado a consideración del tribunal compuesto por los infrascritos, hallamos que tal trabajo, por la sustancia de su contenido, por los conceptos que encierra y por el lenguaje claro, conciso y elegante en que está redactado, merece la aprobación plena y la consiguiente opción a ser leído y sustentado en el examen de grado a que se ha hecho referencia. No obstante la deficiencia de las fuentes de consulta de que se puede disponer entre nosotros para documentar un tema como el propuesto por el postulante, tal como él mismo lo expresa con encomiable sinceridad, la tesis que hemos examinado revela un paciente estudio, una laboriosa búsqueda de datos y, sobre todo, una amplia comprensión y penetración de las doctrinas y enseñanzas del magnífico maestro alavés. Pese a que el estudio y conocimiento del pensamiento vitoriano no ha sido bebido de primera fuente, sino a través de las páginas de su acabado expositor y comentador contemporáneo D. Ángel Ossorio y Gallardo, las teorías, los conceptos y los postulados del docto dominico se hallan clara y precisamente analizados, de modo tal que muy bien puede inferirse que han llegado a serle familiares.

La circunstancia de haberse recordado en agosto último el cuarto centenario del fallecimiento del célebre jurista español ha renovado y puesto en vigor la personalidad, el pensamiento y la influencia doctrinal del P. Vitoria, actualizando de este modo sus ecuánimes conceptos de justicia social y su profunda penetración y su amplia visión de los más arduos problemas del mundo como un todo político. Estos y otros parecidos puntos de vista contribuyen a evaluar mayormente la tesis del señor Terceros Banzer y a hacerle digno de una oportuna expresión de estímulo, ya que estudios como el que se comenta son poco o nada favorecidos por la dedicación de los alumnos en la época en que vivimos. Y máxime si se trata de la vida y la obra de un pensador del pasado, por mucho que su pensamiento y su enseñanza se hayan adelantado a su época y tengan mayor actualidad y mayor importancia que muchos de los publicistas contemporáneos, las más de las veces sometidos a la influencia del interés colectivo y no expositores del pensamiento puro.

En el trabajo objeto de este informe han podido notarse algunas ligeras fallas que ni lesionan íntimamente el contenido ni significan verdaderos errores, por leves que sean, sino simplemente insustanciales pormenores no claramente definidos. Es menester expresarlo para que el postulante, en lo venidero, trate por sí mismo de verificarlos y enmendarlos, en el entendido de que más tarde habrá de dedicarse con mayor ahínco a la especialidad de derecho que es tema de su tesis.

En primer término, encontramos que, con un poco de precipitación enunciativa, califica de “estulta y enervante” a la filosofía materialista, añadiendo que ella “pretende uncir al yugo cruel y único de lo económico la totalidad de las manifestaciones humanas”. Desde luego que puede saber el postulante que, por mucho que se contradiga y odie a la filosofía materialista, ella no deja de tener un profundo lastre científico y una larga sinergia activa, a extremos tales que hasta los mismos filósofos del más acabado idealismo reconocen en ella una serie de contextos por lo menos aceptables. Examinando la esencia misma del materialismo filosófico, no podemos menos que hallar en ellos un principio idealista. Y así de conceptos, lo menos que puede decirse del materialismo es que sea “estulto y enervante”. Con respecto a su expresión que sigue, no debe confundirse el concepto puramente materialista de la filosofía con el materialismo dialéctico de la escuela marxista, que aplica en sentido demasiado restrictivo y unilateral los principios de la filosofía materialista, de suya tan antigua como el pensamiento humano.

Al hacer ligeramente el esbozo biográfico del catedrático salmantino, expresa que el discípulo que mejor tomó apuntes de sus clases fue el futuro confesor de Felipe II, fray Tomás de Chaves. Leyendo la vida del célebre rey español, no se halló que tuvo ningún confesor de nombre Tomás. Refiérase seguramente el postulante a fray Diego de Chaves, el famoso fraile dominico inspirador de muchos de los hechos del irascible monarca. Y alguna relación tiene con nosotros este fray Diego, ya que fue hermano legítimo de nuestro celebrado Don Ñuflo. Asegura el cronista Cabrera de Córdoba, entre los antiguos, y Ricardo Sepúlveda, entre los contemporáneos, que fray Diego fue, efectivamente, alumno favorito del P. Vitoria.

Con respecto a la actuación de Erasmo y sus relaciones con nuestro maestro fray Francisco, el postulante pudo evidenciar mayores datos en la conocida obra de Marcel Bataillon Erasmo y España y en la más conocida aún de Stefan Zweig Erasmo de Rotterdam, obras en las cuales se encuentran los pormenores de la abierta inteligencia entre el serenísimo teólogo y filósofo holandés con el diáfano tratadista español. Allí encontrará que, contrariamente a lo que expresa de que la actuación del P. Vitoria en la junta de Valladolid “no está aclarada”, ella fue rotunda y definida a favor del teólogo de Rotterdam, y tan ello es así que una de sus relecciones, la llamada De Temperantia, refiérase a la obra y a la personalidad del holandés amigo.

Tocante al significado de expresión del término Relección, que es el usado por el P. Vitoria en sus insuperables tratados de diversa índole, él se relaciona con un método de exposición didáctica que tipifica al Renacimiento, mejor dicho al humanismo, y que tiene orígenes en la didáctica heleno-romana. En efecto, el término castellano relección deriva del latino relectio, volver a leer lo leído. Consistía, usando su sentido lato, en comenzar haciendo el alegato contradictorio, argumentando lo falso hasta evidenciarlo, para luego argumentar lo verdadero y ponerlo en legítima evidencia. El postulante ha expresado el pensamiento vitoriano en la relección De indis recurriendo precisamente al sistema que empleó el maestro alavés.

Y, para finalizar, a propósito de esta última frase, el postulante repite constantemente el término “maestro salmantino”, siendo así que al principio de su trabajo expresa que nació en “la capital de Álava”. Sabido es que el P. Vitoria, al profesar los votos religiosos, no sólo dejó el nombre de pila del siglo, sino hasta el patronímico familiar y se dejó llamar Vitoria, que era el nombre de la ciudad donde había nacido. Vitoria es, ogaño, la capital de la provincia vascongada de Álava, uno de cuyos imperecederos honores es haber sido la cuna del creador del Derecho Internacional. Por consiguiente, es propio llamarle “maestro salmantino”, puesto que no era nativo de Salamanca, sino simplemente avecindado en ella, aunque con más propiedad se le daría el epíteto de “maestro alavés”.

Con todo, estas ligerísimas fallas anotadas no hacen desmerecer bajo ningún aspecto el contenido de la tesis, como ya dijimos al principio. En consecuencia, el Tribunal encargado de estudiarla opina por su plena aprobación, discerniendo al postulante un efusivo voto de Felicitación, juntamente con los deseos de que persevere en el estudio de materias de tan sobrada importancia como la que ha tratado en su tesis de opción.

Santa Cruz, 29 de octubre de 1946.

Julio Salmón

Hernando Sanabria Fernández

 

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