Corría el primer día del mes de junio de 1.988...
Aquel hubiese sido el primer día de Marcelo Terceros Banzer sin compromisos, ni horarios. Y así lo quiso comenzar él...
Se tomó todo el tiempo. Hacia el mediodía se encaminó con destino
a lo que a partir de ese día pretendía ser su estudio de producción literaria,
como nos lo había manifestado íntimamente: la vieja casa, en la que nacieran y
se criaran los hermanos Terceros Banzer y muchos de sus descendientes, y en la
que viviera los años de felicidad, trabajo, angustia política y deseos de
servicio a una causa nacional.
En aquella casa solariega se habían iniciado meses antes
las obras de refacción, las cuales estaban a punto de concluirse. Junto a la restauración
física de la casa, también se había procedido a la recuperación de viejos
muebles: un escritorio que perteneciera a su padre, el Dr. Adalberto Terceros
Mendivil, y los sillones que con el mismo hacían juego.
Todo se encaminaba a posibilitar un rincón de tranquilidad
para Marcelo y en el que pudiera llevar al papel tantas, pero tantas cosas que guardaba,
y finalmente guardó en su fértil cerebro.
Al caer la tarde de aquel frío día de junio, como siempre
cumplidor de sus compromisos asumidos, se encaminó puntual a prestar su consejo
y opinión al Directorio del Banco de Cochabamba. Pero cual sería la sorpresa
para todos que en esta oportunidad, su primer día como jubilado de la
prestigiosa Cooperativa de Teléfonos Automáticos de Santa Cruz, otro sería el
destino de Marcelo.
Aquella noche, el Supremo Hacedor, aquel que decide el
momento en el cual debemos rendir cuentas de nuestros actos en este mundo terrenal,
decidió convocar a nuestro Marcelo y nos privó de él razones no hay que buscar
— de la posibilidad de conocer la inmensa cantidad de ideas, planes y
propuestas, que hubiese tenido para su familia, su sociedad, su pueblo y su
país.
Pasados los días de dolor, que embarga a quienes sentimos
la ausencia de un ser querido, y en el afán de hacer vivir esa presencia ausente
de nuestro medio físico, toda su familia y algunos amigos, nos dimos a la labor
de escarbar en lo que era y aún es la biblioteca de Marcelo.
Y vaya sorpresa la que los propios descendientes nos
llevamos, al encontrar entre tanto papel, cuidadosamente ordenado, un sin fin
de escritos. Algunos de ellos, discursos pronunciados en las más diversas ocasiones,
consideraciones a temas que a pesar del tiempo no pierden su vigencia, un libro
ya escrito, que es lo que hoy queremos, — como un homenaje a su memoria — dar a
conocer.
Pero antes de entrar en algunas consideraciones sobre este particular,
deseamos a nombre de toda la familia Terceros Suárez y Terceros Banzer, dejar
una expresa constancia a quienes de una manera simple y bondadosa, se dedicaron
a recopilar escritos y a transcribir algunos manuscritos de Marcelo. Ellos son
su inseparable compañera, Anita Suárez de Terceros Banzer, quien en este empeño
encontró la forma de mantener vivo el pensamiento del compañero de su vida; y
al amigo entrañable que dedicó largas horas para seleccionar los textos dejados
por Marcelo; el Dr. Plácido Molina Barbery. Gracias a ellos, las actuales generaciones
podremos conocer los mensajes de un hombre sencillo; y a los amigos se les
permitirá recordar circunstancias, en las que nuestro autor iluminaba actos con
su palabra cálida y llena de esperanza por un futuro mejor.
El libro que hoy entregamos a nuestra sociedad, no es otra
cosa que las opiniones que Marcelo vertiera al leer obras como “La Conquista del
Oriente Boliviano” de Enrique Finot, o una relación, posiblemente de pocos
conocida; del los Conquistadores venidos del Río de la Plata, o el Ordenamiento
de las Actas Capitulares de nuestra ciudad capital, y otras directamente
relacionadas con el inicio de la historia de nuestro pueblo. En fin son
documentos que servirán de guía y apoyo, a quienes deseen internarse en la
investigación de los orígenes de nuestra civilización cruceña.
En sus manos tienen ustedes un ejemplar, que al igual que a
la familia Terceros Suárez y Terceros Banzer, esperamos les permita mantener
vivo el recuerdo de este cruceño que dio todo por su Santa Cruz y por Bolivia.
Santa Cruz de la Sierra, 29 de Agosto de 1992

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