Reflexiones sobre la democracia

 


El proceso democrático que vive el país, indudablemente, pone a prueba la viabilidad de tal esquema, frente a una realidad que, en el campo económico, viene siendo calificada como crítica.

Sin ingresar a consideraciones teóricas en torno a lo que debemos entender por democracia, resulta innegable que un sistema de tal naturaleza reclama una respuesta adecuada de las colectividades y de las personas. El sistema democrático no debe entenderse solamente como una forma de gobierno, sino que tiene que asentarse en la conducta responsable de la ciudadanía.

Muchos ensayos democráticos en Bolivia, lo mismo que en otros países, han zozobrado en la anarquía surgida al calor de los excesos libertarios de las masas que, en determinado momento de la historia, rompieron con la propia legalidad que reclama la vigencia misma del Estado.

En las actuales circunstancias que vive nuestro país, hay un desafío a esa madurez ciudadana de la que ha venido hablándose tanto en los últimos tiempos y que, a partir de la instauración del nuevo régimen constitucional, se encuentra a prueba. Pero el desafío es mayor para la clase política, para los dirigentes de la ciudadanía, que son más responsables ante la historia cuanto más preparados a enfrentarla se encuentran.

La democracia será viable en Bolivia en la medida en que líderes y ciudadanos comunes acepten la vigencia de un ordenamiento jurídico, dentro del que caben todas las discrepancias, menos aquellas que pondrían en peligro la propia existencia nacional.

No cabe duda de que las prácticas democráticas tienen que ser cotidianas en la vida de los pueblos, de manera tal que su ejercicio no esté en contradicción con las situaciones de crisis que, periódicamente, enfrentan las naciones. La democracia, en tal sentido, debería convertirse en un estilo de vida antes que en una realidad circunstancial.

Publicado el 14 de agosto de 1979 como editorial en EL MUNDO.

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