Del acontecer universitario

 


En estos días se han reunido en nuestra ciudad los Rectores de las Universidades nacionales, acompañados de representantes estudiantiles, a fin de evaluar los resultados alcanzados en reuniones sectoriales llevadas a cabo en las últimas semanas. Coincide la reunión universitaria con actividades no propiamente educacionales, que han hecho recordar a la opinión pasadas experiencias, que pensábamos superadas cuando menos de nuestro medio.

El tema de la Universidad -alguna vez abordado ya en esta columna- es de suyo interesante y se vuelve realmente atractivo cuando sus autoridades y sus alumnos se reúnen para examinar los problemas que ineluctablemente deben afrontarse, por razones económicas, sociales, materiales y hasta climáticas; para poner en acción lo que ya se llamó de "conciencia crítica" de la sociedad; para responder ante la Nación por la tremenda responsabilidad que significa educar, formar, profesionalizar a la juventud. Pero para ello, el ambiente propicio no es el de la manifestación callejera, ni el de acudir a las poses revolucionarias, ni mucho menos, el de subvertir la disciplina que entre docentes y alumnos debe existir indispensablemente.

Ocurre, sin embargo, cuando menos para los que no vivimos ya directamente la vida de los claustros o el acontecer del "campus", que la reunión que creemos seria, meditada, de trabajo, se rodea de un ambiente revoltoso, de una gritería impropia y de un lenguaje politiquero. No vamos a entrar en este comentario en las razones que han hecho que tal cosa ocurra; pero sí queremos señalar que una reunión como la que se mantiene debería también procurar que las razones -si las hubiere- para que ese clima se haya creado, desaparezcan y permitan el desarrollo de la actividad universitaria, como vino dándose en la Casa de René Moreno, hasta hace poco.

Porque bueno será recordar que la nuestra, era como un islote de estudio y de regularidad académica cuando el maremagnum de la "democratización" invadió a otras Universidades del país, que mal podrían vencer un semestre en el curso de un año, que profesores y estudiantes en Santa Cruz, convivían en verdadera democracia, cada cual cumpliendo su obligación académica y dejando para fuera del aula la discusión de problemas extra-curriculares, en el ejercicio de un verdadero pluralismo político; y que, para orgullo de quienes así dialogaban, la Universidad cruceña mantenía proficuas relaciones con sus congéneres del exterior, participaba en reuniones y trabajos de investigación y, lo más importante, iba formando a las élites del futuro, pues también entonces hará falta que haya fruto del pueblo -una dirigencia que será mejor mientras más capacitada se halle.

Lástima que ahora -introducida por el contexto electoral que vivió el país- la lucha partidista haya vuelto a tomar cartas en los predios de Palermo; que se denuncien actitudes no sólo destempladas sino maleducadas de alumnos contra profesores; que se amenace físicamente y se coarte moralmente la libertad de cátedra. Porque bien está defender la autonomía, procurar la democracia y participar en la toma de decisiones, pero sin olvidar que, como en los hogares bien organizados y en las sociedades más avanzadas cultural y políticamente, también en la Universidad hace falta un maestro que enseñe y un alumno que aprenda.

Publicado el 25 de agosto de 1979 como editorial en EL MUNDO.

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