Un documento confidencial de análisis económico preparado por el Banco Central, ha causado alarma en los medios oficiales y parlamentarios por la situación extremadamente delicada que confronta el país en la presente coyuntura, donde resalta de modo crítico el desequilibrio de la balanza de pagos.
El deterioro en el ahorro interno, el descenso acelerado de las reservas de divisas, así como el aumento notable de la tasa inflacionaria, son los síntomas de una crisis económica que ya se venía anunciando desde principios de año, sin que hasta ahora se haya acometido en programa coherente de estabilización económica. Antes se habían postergado estas medidas por la prioridad que requería nuestra estabilización política; en estos momentos la gravedad de la situación no admite más demora.
El último decreto relativo a la obligación de hacer un depósito previo del 500% para una serie de artículos de importación, lanzado por los Ministerios de Finanzas y Planeamiento, fue duramente criticado por su inconsistencia desde diversos sectores, argumentando que el mencionado decreto no podía frenar de ningún modo el drenaje de divisas, porque no afectaba al grueso de las importaciones, compuesto fundamentalmente por materias primas, productos intermedios y bienes de capital; porque situaría en ventaja a los contrabandistas sobre el comercio legal, aparte de desencadenar una peligrosa subida de los precios en artículos, algunos de los cuales difícilmente podían considerarse suntuarios.
La medida fue calificada como “palos de ciego” frente a la complejidad del problema que pretendía rectificar. Pero lo peor de todo ha sido el entredicho que ha suscitado, no sólo frente a los sectores afectados y ante cuyos argumentos ha tenido que transigir, sino con el mismo Parlamento, cuya protesta se ha convertido en una interpelación a los ministros que tendrá lugar hoy día, por la manera inconsulta en que procedieron al lanzamiento del decreto.
El Legislativo que, a través de sus diferentes comisiones empieza a tomar serio interés en los problemas regionales y económicos de Bolivia, reclama al Ejecutivo el no participarle previamente de los planes que elabora y ejecuta en materias de interés nacional.
La preocupación por la inflación y el desempleo que aqueja al país, demuestra que hay entre los parlamentarios justificada urgencia por participar, como representantes nacionales, en la elaboración de un programa de recuperación económica, donde los políticos deben jugar un rol indispensable para asegurar su viabilidad y cumplimiento.
El Gobierno tiene que proponer en breve un plan de acción muy difícil y en gran parte impopular, que necesita un respaldo político lo suficientemente grande para ser efectivo plenamente. Ya no se puede gobernar por decreto, tampoco se puede ignorar los costos sociales y los costos políticos de un programa económico. La nueva legalidad impone procedimientos más depurados e inclusive variables que antes apenas contaban.
Lo importante es que dichas negociaciones tengan éxito y no caigan en punto muerto bloqueando o paralizando las medidas más urgentes.
Un gobierno interino como el actual, cuya autoridad emana del Congreso que le ha dado curso, tendrá que aplicar un nuevo estilo al adoptar sus decisiones, persuadiendo con argumentos sólidos a un ente fiscalizador que antes no existía.
Ahora bien, este Gobierno, con todos sus instrumentos técnicos para el diagnóstico y la programación económica, deberá presentar alternativas de acción al Congreso, que reflejen una distribución equitativa de las cargas y beneficios resultantes para el conjunto de la población.
Como quiera que el Congreso no es un ente unitario; sino que por definición representa políticamente a los diversos intereses sociales y económicos de Bolivia, debe por su parte, dar a conocer el pensamiento y los criterios económicos de las corrientes políticas que ocupan las bancas parlamentarias.
En este momento el Legislativo ingresa a una etapa de discusiones donde primará sin duda el problema económico de la nación y el pueblo espera de sus integrantes una expresión esclarecida y completa de las posibles soluciones que se le ofrecen para el futuro inmediato.
Publicado el 3 de octubre de 1979 como editorial en EL MUNDO.

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