Las nuevas proyecciones demográficas de Bolivia

 


Las cifras empiezan a descubrir y por otra parte a anticipar la nueva realidad demográfica de Bolivia, que había permanecido ignorada durante un cuarto de siglo en términos globales, desde el Censo Nacional de 1950 hasta el último realizado en septiembre de 1976.

Un estudio estadístico de las proyecciones demográficas de Bolivia a partir de 1976 hasta 1980, realizado por el Instituto Nacional de Estadística y difundido nacionalmente por la Agencia de Noticias Fides, revela la enorme incidencia que tendrá el factor población en el éxito o fracaso de los planes de desarrollo nacional; si no es debidamente tomado en cuenta con previsión y cuidado, en la cuantificación de las necesidades y la asignación de los recursos disponibles para la satisfacción de las mismas.

Desde 1950, el país había estado planificando su desarrollo, adoptando decisiones presupuestarias, económicas y políticoadministrativas, y evaluando los problemas socioeconómicos nacionales y regionales, en base a estimaciones emergentes de datos progresivamente obsoletos.

Esta situación insostenible sólo podía darse y mantenerse durante tantos años en una economía desorganizada, de lento crecimiento y dependiente de la ayuda externa para subsanar con una “política de parches” su crónico déficit, como ha sido la nuestra durante las últimas décadas.

Pero he aquí que el último Censo denota que un importante crecimiento demográfico ha tenido lugar en Bolivia durante los últimos veinticinco años, debido a un descenso marcado de la mortalidad y a un cambio moderado en el nivel de fecundidad, dando por resultado una población joven (la edad promedio del boliviano sería de 18 años) que tiende a rejuvenecerse más. A la inversa de los países desarrollados, donde la alta esperanza de vida y la caída simultánea del índice de natalidad, determina el envejecimiento paulatino de la población.

¿Qué significa para un país atrasado el incremento acelerado de su población joven?

Las tendencias demográficas en Bolivia indican, en síntesis, que, en primer lugar, para el año 2000, la población infantil menor de cinco años de edad, se habrá duplicado, presionando con sus imperiosas necesidades a los servicios sanitarios y escolares, que para entonces necesitarán haber duplicado sus recursos, personal e infraestructura física.

En el año 2000 Bolivia necesitará un millón y medio de nuevas plazas escolares como mínimo, solamente a nivel primario, para niños de 5 a 14 años, lo cual requiere aproximadamente de un incremento de 1.000 nuevos maestros por año.

Todo esto implica un aumento considerable de la población dependiente, todavía improductiva, que se beneficia de lo que aporta la que se encuentra incorporada a la economía (15 a 64 años de edad), la cual, a su vez, se duplicará, según las estimaciones, pasando de 2.620.000 en 1975 a 5.177.000 personas a fines de siglo.

La fuerza laboral alcanzaría las necesidades de ocupación, guardando al ritmo del crecimiento vegetativo de la población, la economía nacional tendrá que crear casi 50.000 nuevos empleos por año, sin contar el posible incremento de la participación laboral de la mujer, lo cual incidiría seguramente en una mayor demanda de puestos de trabajo.

Tales son las cifras y las perspectivas que ofrecen al país. Bolivia, tanto tiempo despoblado y en lenta evolución histórica, se aproxima a los diez millones de habitantes en dos décadas más, y con la expansión demográfica se avecinan profundos cambios históricos, lapso en el cual tiene plazo perentorio para ascender a la larga lista de naciones en subdesarrollo o para quedar postrada en etapas que van dejando aceleradamente atrás sus propios vecinos.

Publicado el 15 de octubre de 1979 como editorial en EL MUNDO.

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